Las reglas del juego

Habrá personas a quienes no les interese, pero hay muchísimas otras para las cuales representa algo, y no quiero darle más importancia de la que tiene ni quitársela, al menos en nuestro país, el fútbol es para la mayoría, motivo de alegrías o tristezas, de entretenimiento, de conversación, del buen “folcklore”, ese que es sano y no pregona la violencia, en definitiva, parte de su vida.

Hagamos un paralelismo con la educación, desde niños nos enseñan a competir en diferentes disciplinas deportivas que se rigen por reglas, fútbol, básquet, voley, tenis… todas ellas, TODAS. El deporte enseña a ser justos, respetar las reglas, comportarse en sociedad, porque somos individuos que formamos parte de un conjunto. El fútbol (más que cualquier otro) nos representa como país, como cultura, y cuando digo representa me refiero al aspecto figurativo y no al aspecto formal. Del fútbol se pueden desprender multitud de análisis que nos reflejan, y es lamentable que algunos de ellos sean no respetar los compromisos, cambiar las reglas del juego, premiar a los que más tienen porque se supone que lo merecen, quitarle oportunidades a los que quieren crecer.

¿Podemos plantear una competencia sana y equitativa cuando desde su concepción se toman medidas injustas y dispares?. Desde los descensos anulados en la década del 80, los llamados clubes grandes invitados a las copas, el reparto de los ingresos de la TV y la quita de la localía para los “clubes pequeños” que enfrentan a los más poderosos son algunas de las decisiones que desde hace años intentan mantener a cierta élite en un lugar que, viendo los resultados, tal vez no merezcan.

¿Por qué no plantear un torneo más justo y con igualdad de oportunidades?, pensemos en premiar a los equipos que hacen bien las cosas, que marquen la diferencia desde sus capacidades de gestión, popularidad y aciertos deportivos, y en castigar a los que no. Otorgarle más recursos a los que más gastan y menos logran es un disparate.

Párrafo aparte para otras cuestiones que hacen que el mundo del fútbol se convierta cada vez más en un ambiente nefasto, corrupto e injusto, donde cada quien hace lo que quiere sin importar las consecuencias, porque no las hay, porque no hay castigo para los barras bravas ni para los equipos que los permiten y no los extirpan de una vez por todas, para los dirigentes que no reconocen fracasos (no me refiero a salir campeones como único parangón de éxito) y que consideran que sólo clasificar para un mundial sub 20 es un logro, cuando no se van a poder defender las 2 medallas de oro consecutivas que se han logrado.
Más allá del debate superficial que se ha abierto con respecto al famoso escudo de River (que permanece entre los de primera) en la portada del sitio web del diario Olé, y que el mismo defiende su posición alegando que quitarlo sería una falta de respeto a la historia, ¿no es una falta de respeto para los clubes que descendieron este año y los anteriores?. El diario Olé, el medio gráfico deportivo más importante de Argentina, considera que un equipo merece más respeto que otros, considera que puede modificar a gusto y conveniencia la interpretación de las reglas, River ya no es de primera, pero para ellos, nada más y nada menos, sí lo es.

Se ha llegado a una situación coyuntural, nuevamente quieren manipular ésta criatura que llamamos “fútbol”, que tiene tantos significados como seguidores. Debemos decidir ahora que es lo que queremos, todos, los que son parte directamente involucrada, los medios de comunicación y los consumidores.

Escuchemos propuestas.

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Analfabeto político

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las habichuelas, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de la asistencia sanitaria, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”

Bertolt Brecht (1898-1956)

Fuente: El Blog de Berto Romero

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